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no necesitamos estufas – salsa para nachos

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Santiago de Chile, principios de abril. La situación: el verano definitivamente abandonó nuestras vidas y el frío se apodera de manos, pies, asientos de la biblioteca y -especialmente- de este departamento-iglú.

Como de una semana para otra, dejé olvidados los pantalones cortos en el fondo de mi clóset, dejé de dormir en ropa interior y absolutamente destapado y dejé de despertar sofocado y rojo como si estuviera en el mismísimo núcleo del sol.

Como de una semana para otra, empecé a salir con chaquetas y abrigos y bufandas y pañuelos, empecé a tomar leche caliente en las mañanas, surgió en mí la necesidad imperante de ponerle la frazada extra a mi cama (la cual estaba exactamente en el lugar donde la dejé en septiembre pasado).

Acompañando a esto, apareció ESE sentimiento, ese de no querer despegarse de las sábanas, el que se soluciona con un pie de chocolate que ya les mostraré algún día cuando vuelva a hacerlo -que no será muy lejos de hoy-, o con mi infalible chocolate caliente que revive espíritus apagados.

¿En qué estábamos? Me puse a pensar en chocolate. AH SÍ.

Bueno, el frío se apoderó de todo.

¡Pero no de mi estómago!

Era jueves en la noche y hacía frío como que fuéramos un diciembre en Londres, pero mis antojos (no, no estoy embarazado) apuntaban a un mayo en México: Nachos con salsa.

tomatesajíY no quería una salsa enlatada, o una salsa embotellada, o una salsa deshidratada. Quería una salsa de verdad, y por sobre todas las cosas, quería hacerla yo.

Es que es divertido. No hay receta estricta ni métodos especiales, sólo pones todo lo que se te ocurra. La mejor forma de cocinar (y por cierto, de acercarse a la cocina).

Quería que tuviera tomates, porque NINGUNA SALSA QUE NO LOS TENGA PUEDE SER UNA SALSA PARA NACHOS. Quería que tuviera cilantro, porque no puede haber tomate sin cilantro. Quería que tuviera ají (chile, picante), porque si no va a ser picante, mejor me como los nachos con mayonesa.

Entonces partí a buscar mis vegetales, abrí la bolsa de nachos y empecé con esto.

A decir verdad, mi salsa es una mezcla entre el clásico tradicional chileno chancho en piedra (que se hace originalmente en un mortero) con una típica salsa mexicana, o más bien, como tex-mex.

Entonces la base de tomates tiene dos texturas. El tomate rallado o procesado que es como un puré, y el tomate en cubitos. Cubitos que hábilmente sacarás con la punta de los nachos a medida que comas.

El cilantro aporta mucho color, mucho sabor, mucha fragancia. Además TIENES que echarle un poco de jugo de limón o vinagre (yo lo he hecho de ambas formas) y sazonar correctamente, porque no hay nada más deprimente que una salsa para nachos que está mal condimentada.

Por supuesto, pueden agregar cebolla o cebollín, pueden agregar las verduras y hierbas que tengan. ¿Albahaca? ¿Semillas de mostaza? ¿Perejil? ¿Aceitunas? Adelante.

¿Y en cuanto al ají/chile? Mucho. O el más que puedas. Porque si lo haces bien, no vas a necesitar ni una manta ni un abrigo ni una estufa para sentir calor en este otoño que recién comienza.

salsa final

Salsa para nachos

Para alrededor de una taza y 1/4, suficiente para una noche de comer sin parar untando generosamente y -aunque no debería decirlo- suficiente para que sobre un poco de salsa que la mañana siguiente será comida junto a huevos revueltos – MARAVILLOSO.

2 tomates medianamente maduros, grandes.

2 dientes de ajo pequeños

un manojo de cilantro, hojas, tallos y todo.

3 ajíes medianos, sin semillas (aunque depende de qué tan picantes sean, qué tan picante quieras la salsa, etc).

Un chorrito de vinagre blanco, de arroz, o jugo fresco de limón.

Sal, pimienta y aceite de oliva.

1) Lava y seca un poco todos los ingredientes.

2) Por la parte gruesa del rallador, ralla un tomate entero. Quedará como un puré muy desintegrado.

3) Corta el otro tomate en cubitos pequeños y agrégalo.

4) Pon los dientes de ajo 10 segundos en el microondas o cúbrelos con agua caliente un minuto. Pícalos finamente y agrégalos. Corta los ajíes en cubitos o pedacitos pequeños, agrégalos.

5) Toma el cilantro y “enróllalo” sobre sí mismo. Pícalo finamente y agrégalo a la mezcla. Agrega un chorrito de vinagre o jugo de limón.

6) Sazona a gusto y mézclalo todo con un chorrito de aceite.

Disfruta y personaliza tu salsa como quieras. Gracias por tu visita!

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Mejor que la caja – Macarrones con queso

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Estoy absolutamente agotado y llevo apenas una semana de clases. Absolutamente agotado, digo, y absolutamente agotado estoy.

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Harina. El espíritu santo de la cocina.

Pero no son las clases, no. Es esta ciudad. Permanentemente sonando, permanentemente moviéndose y permanentemente iluminada. Luces, autos, ruidos, buses, gente, gente por todas partes dios santo.

Aunque es verdad que Santiago de Chile es una metrópolis interesante e infinitamente entretenida, hay días que simplemente hay que forzar a la mitad de la población a quedarse en sus casas. Hay días en que la gente no cabe en las calles, NO CABE!

Y -volviendo a mi momento de drama queen- les decía que estoy agotado. AGOTADO, pero de ninguna forma deprimido ni desanimado. Es sólo que a veces mi cuerpo me pide a gritos acostarme en mi cama, poner los grandes éxitos de Mariah Carey y refugiar mi espíritu en una taza de capuccino.

Ese es el momento que estoy viviendo (excepto por lo del capuccino, no tengo la energía vital mínima requerida para encender la cafetera).

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Mantequilla. Mi única adicción reconocida.

Bueno, todo esta declaración de agotamiento extremo sólo nos lleva a una cosa: cuando el cuerpo no responde y el espíritu está desvanecido, hay algo que nunca, nunca falla.

Bueno, hay dos cosas.

Primero, el chocolate. DIOS MÍO que no daría por tener una barra de chocolate aquí y ahora. Pero ya más adelante, otro día, hablaremos de eso.

Y segundo, nuestro protagonista de hoy: el queso.

Esto es gloria.

Esto es gloria.

Nada renueva a un ser humano como una abundante ración de queso. En la forma que sea y del tipo que sea. Croquetas, nachos, un sándwich, pizza, en cubitos, en frituras, mozarella, pecorino, parmesano, cheddar, gouda, gruyere, queso crema… Y la lista-gracias a la divina providencia-  es infinita.

Hoy? En forma de macarrones con queso. Suaves y perfectamente-cocinados macarrones bañados casi ilegalmente en una cremosa, deliciosa y facilísima salsa de queso.

h-a-m-b-r-e

h-a-m-b-r-e

Y las cosas sobre esta receta que son sencillamente geniales son muchas.

Primero, si todo sale bien y no tienes ningún inconveniente o accidente mortal en el proceso, tienes el plato de macarrones con queso, listo en la mesa, en menos de veinte minutos. Y no me refiero a este tipo de cocina tipo Cenas en 30 minutos con Jamie Oliver, sino que cocinando calmadamente y sin usar ningún tipo de procesador o batidora o loquesea.

Es bastante simple: cocinas la pasta, haces una salsa bechamel básica, la mezclas con queso, mezclas la pasta con la salsa, voilà.

Además, es inmensamente modificable en toda su esencia.

Puedes cambiar los macarrones por pastas alargadas (como tagliatelle, linguini o spaghetti) para una textura diferente. O puedes usar la salsa en una lasagna o con verduras al horno.

Puedes agregar cubitos de jamón, pedazos de tocino, cebolla y ajo, vegetales picados, condimentos por montón.

Puedes hacerlo -como hoy- en su versión más simple o puedes poner todo en una bandeja para horno, rociar con aceite de oliva y migas de pan y ponerlo bajo el grill para tener una corteza crujiente y exquisita.

Y -por supuesto- tienes el queso. Yo hoy usé un queso artesanal chileno, pero puedes usar el clásico Cheddar amarillo, puedes usar mozarella o parmesano para un giro italiano, o incluso ricotta y queso fresco para una versión más liviana (aunque si buscas comidas livianas, probablemente deberías omitir los macarrones con queso, o no?). Lo importante es que sea un queso que te guste, que se derrita fácilmente y que no tenga un sabor excesivamente fuerte.

plato general

¿qué llevaría a una isla desierta? ESTO

Y por último, es virtualmente imposible que esta receta les salga mal. A menos que DE VERDAD sean unos tarados, y yo sé que no.

(si lo son, POR FAVOR aléjense del fuego de la cocina, por el bien de la humanidad)

Vamos con la receta. Y por favor favor favorcito háganla sin miedo, inviten a todos sus amigos a comer y escuchen los “mmm” y “aahh”‘s que vienen con probar el primer bocado.

Macarrones con queso

Para dos personas

2 tazas de macaroni deshidratados

1 cucharada de mantequilla

1 cucharada colmada de harina

1 taza y media de leche entera

aproximadamente 200 gr del queso que elijas

sal, pimienta, nuez moscada y aceite de oliva

1) Ralla el queso y déjalo en un bowl.

2) Cocina la pasta en abundante agua salada. Apenas esté al dente, quítala del fuego y escurre el agua. Es importante que no quede muy blanda, porque al mezclarse con la salsa caliente se seguirá cocinando un poco.

Mientras se cocina la pasta…

3) En una olla mediana a fuego medio, derrite la mantequilla con un poco de aceite de oliva. Cuando esté líquida, agrega la harina y revuelve con una cuchara de palo o un batidor hasta mezclar por completo. Cocina esa mezcla (llamada roux) por uno o dos minutos, sin dejar de revolver, hasta que esté dorada y emane un olor como a nuez tostada.

4) Fuera del fuego, agrega alrededor de media taza de la leche. Devuelve la olla a la llama media alta y revuelve hasta que la leche se espese y el roux esté disuelto. Agrega el resto de la leche y revuelve constantemente a fuego medio hasta que hierva por un minuto o dos. Debería quedar una salsa espesa, cremosa y aterciopelada.

5) Sazona la salsa con sal, pimienta y una pizca de nuez moscada. Apaga el fuego y agrega de inmediato el queso. Revuelve hasta que esté completamente derretido e incorporado.

6) Agrega los macarrones a tu salsa y revuelve hasta bañarlos por completo. Disfruta con un poco de ají (chile) ahumado, orégano y aceite de oliva, o en su cremosa y exquisita simpleza.

Gracias por pasar. Compartan el sitio a sus amigos y conocidos y desconocidos. Saludos y abrazos y hambre!