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sobreviviente – pasta con salsa de beurre noisette

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Es que les prometo prometo prometo que este es el último post que empieza con una historia dramática o insoportablemente llorona.

No sé muy bien que es lo que pasa con mi vida últimamente. Debe ser algún embrujo efectuado por mis vecinos del edificio que están aburridos de mis intensas sesiones de karaoke en horas inesperadas.

champignones-tablaPero ¿qué puedo decir? Uno nunca sabe a qué hora se va a sentir una estrella de broadway o un ídolo pop.

Bueno, el asunto esta vez es el siguiente.

Mi vida caminaba normal. Era media mañana, acababa de salir de la universidad, y yo estaba de-ter-mi-na-do a tomarme un espresso.

Y llegamos a la cafetería, y no tenían espressos. Ni americanos. Era una cafetería Y NO TENÍAN CAFÉ! (en honor a la verdad, era dunkin’ donuts… PERO AÚN ASÍ).

Miré a la vendedora con profunda decepción, y caminé hacia el siguiente negocio. En serio, puedo flaquear, puedo dudar, mis convicciones pueden volar en pedazos y qué se yo. Pero cuando quiero un café, QUIERO UN CAFÉ.

Ahora sí era una cafetería, así que simplemente ordené: “quiero un espresso doble, por favor”

DEBERÍA HABER SIDO UN ESPRESSO SIMPLE, pero yo tenté al destino.

“Por supuesto!” respondió la vendedora. Y comenzó a preparar mi café.

Y AHÍ EMPEZÓ TODO.

Si ustedes toman café habitualmente, sabrán que un espresso (o express) son ¿30 ml de café? más o menos. Un espresso doble, por lo tanto, son no más de 60 ml. Un cuarto de taza.

La barista me dió un vaso grande de café. UN VASO GRANDE.

Y me lo tomé todo. Y media hora después empecé a sentirme agitado. Y un par de horas después empecé a sentirme REALMENTE MAL. Tanto, que tuve que correr a mi casa antes de MORIR.

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Bueno, seguramente no de MORIR, pero casi, queridos lectores, CASI morir.

Mi corazón palpitaba trescientas veces su capacidad, tenía frío y calor al mismo tiempo, tenía sueño y estaba agitado al mismo tiempo. Si eso no es lo peor que me ha pasado en la vida, EN LA VIDA!, no sé que será.

Sí, desde acá, atrás en el tiempo y lejos en el espacio, puedo escuchar sus pesados comentarios de “pues para qué te tomaste todo el vaso”. Pero es que ustedes no entienden. Cuando se trata de café, yo no sé cuando parar.

Ahora sé cuando.

Nunca tomen un espresso cuádruple a menos que quieran abandonar el mundo de los vivos.

EN SERIO.

Bueno, sobreviví. Moraleja aprendida. Moraleja compartida. Vamos con la receta de hoy.

noisette-champiñonesCuando pensaba en cómo llamar esta receta, de verdad quería no incluir “beurre noisette” en el título, porque a quién le importan los nombres franceses para la comida. A MÍ NO.

Pero es que no sabía cómo más llamarla. ¿Mantequilla café? Ew. ¿Mantequilla marrón? YUCK. ¿Mantequilla dorada? Mmm, tal vez, pero no me convenció.

Beurre noisette fue mi elección. Significa “mantequilla avellana”. Y antes que me juzguen por hacer cosas tan complicadas y raras, déjenme confesarles que la beurre noisette no es más que mantequilla cocinada unos dos o tres minutos. Exacto. Nada más, así de simple, tal cual.

Es exquisita. Y aquí es la base para una salsa “blanca” que es más bien beige o algo así. Es fácil, es rápido, es barato, es hipercalórico, es de-li-cio-so. Y, francemente, si ya no perdimos nuestros kilos de más para el verano ¿para qué preocuparse por perderlos para el otoño?

La estación de las chaquetas y bufandas que cubren nuestras panzas es la excusa PERFECTA para deleitarse con un plato de pasta, y con ESTE plato de pasta.

pasta-noisetteTiene champiñones, un favorito de todos. Tiene mantequilla, una favorita mundial. ¿Qué puede salir mal?

Sólo una cosa: que una vez que lo pruebes, no vas a parar de comerlo.

Haz suficiente para todos!

Pasta con salsa de beurre noisette

Para un glotón descontrolado (ejem) o dos personas normales.

– alrededor de 170 gr de pasta deshidratada (que es un poco más de un tercio de un paquete común)

– tres cucharadas de mantequilla

– una cucharada de harina común

– una taza de leche entera, fría o a t° ambiente

– alrededor de 7 champiñones cremini (los típicos blancos) o unos 5 portobello (unos más grandes y oscuros)

– aceite de oliva, sal y pimienta.

1) Hierve alrededor de un litro o un litro y medio de agua en una olla grande (o en un hervidor eléctrico) y agrega una abundante pizca de sal. Cuando el agua rompa hervor, agrega la pasta.

2) A una sartén u olla mediana a fuego medio, agrega la mantequilla con un chorrito de aceite de oliva. Espera a que se derrita, espume un poco y comience a dorarse. En unos dos minutos, ya debería tener un color marrón y desprender un aroma como a avellana tostada. Apaga el fuego apenas llegues a ese punto.

3) Agrega la harina y revuelve con un batidor o cucharón de madera hasta disolver (hará un poco de espuma). Devuelve la sartén al fuego medio y revuelve constantemente uno o dos minutos.

4) Agrega la mitad de la leche y mezcla para disolver. Una vez que esté incorporado y espeso, agrega el resto y mezcla sin parar. Deberías obtener una salsa dorada y lisa.

5) Agrega los champiñones cortados en rodajas a tu salsa. Cocínalos unos dos  a tres minutos y sazona a gusto.

6) Cuela la pasta (que ya debería estar cocida) y agrégala a tu olla con la salsa. Mezcla todo y COME, espolvoreado con un poco más de aceite, parmesano rallado o en su exquisita y elegante simpleza.

Disfruta y gracias por la visita!

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Mejor que la caja – Macarrones con queso

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Estoy absolutamente agotado y llevo apenas una semana de clases. Absolutamente agotado, digo, y absolutamente agotado estoy.

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Harina. El espíritu santo de la cocina.

Pero no son las clases, no. Es esta ciudad. Permanentemente sonando, permanentemente moviéndose y permanentemente iluminada. Luces, autos, ruidos, buses, gente, gente por todas partes dios santo.

Aunque es verdad que Santiago de Chile es una metrópolis interesante e infinitamente entretenida, hay días que simplemente hay que forzar a la mitad de la población a quedarse en sus casas. Hay días en que la gente no cabe en las calles, NO CABE!

Y -volviendo a mi momento de drama queen- les decía que estoy agotado. AGOTADO, pero de ninguna forma deprimido ni desanimado. Es sólo que a veces mi cuerpo me pide a gritos acostarme en mi cama, poner los grandes éxitos de Mariah Carey y refugiar mi espíritu en una taza de capuccino.

Ese es el momento que estoy viviendo (excepto por lo del capuccino, no tengo la energía vital mínima requerida para encender la cafetera).

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Mantequilla. Mi única adicción reconocida.

Bueno, todo esta declaración de agotamiento extremo sólo nos lleva a una cosa: cuando el cuerpo no responde y el espíritu está desvanecido, hay algo que nunca, nunca falla.

Bueno, hay dos cosas.

Primero, el chocolate. DIOS MÍO que no daría por tener una barra de chocolate aquí y ahora. Pero ya más adelante, otro día, hablaremos de eso.

Y segundo, nuestro protagonista de hoy: el queso.

Esto es gloria.

Esto es gloria.

Nada renueva a un ser humano como una abundante ración de queso. En la forma que sea y del tipo que sea. Croquetas, nachos, un sándwich, pizza, en cubitos, en frituras, mozarella, pecorino, parmesano, cheddar, gouda, gruyere, queso crema… Y la lista-gracias a la divina providencia-  es infinita.

Hoy? En forma de macarrones con queso. Suaves y perfectamente-cocinados macarrones bañados casi ilegalmente en una cremosa, deliciosa y facilísima salsa de queso.

h-a-m-b-r-e

h-a-m-b-r-e

Y las cosas sobre esta receta que son sencillamente geniales son muchas.

Primero, si todo sale bien y no tienes ningún inconveniente o accidente mortal en el proceso, tienes el plato de macarrones con queso, listo en la mesa, en menos de veinte minutos. Y no me refiero a este tipo de cocina tipo Cenas en 30 minutos con Jamie Oliver, sino que cocinando calmadamente y sin usar ningún tipo de procesador o batidora o loquesea.

Es bastante simple: cocinas la pasta, haces una salsa bechamel básica, la mezclas con queso, mezclas la pasta con la salsa, voilà.

Además, es inmensamente modificable en toda su esencia.

Puedes cambiar los macarrones por pastas alargadas (como tagliatelle, linguini o spaghetti) para una textura diferente. O puedes usar la salsa en una lasagna o con verduras al horno.

Puedes agregar cubitos de jamón, pedazos de tocino, cebolla y ajo, vegetales picados, condimentos por montón.

Puedes hacerlo -como hoy- en su versión más simple o puedes poner todo en una bandeja para horno, rociar con aceite de oliva y migas de pan y ponerlo bajo el grill para tener una corteza crujiente y exquisita.

Y -por supuesto- tienes el queso. Yo hoy usé un queso artesanal chileno, pero puedes usar el clásico Cheddar amarillo, puedes usar mozarella o parmesano para un giro italiano, o incluso ricotta y queso fresco para una versión más liviana (aunque si buscas comidas livianas, probablemente deberías omitir los macarrones con queso, o no?). Lo importante es que sea un queso que te guste, que se derrita fácilmente y que no tenga un sabor excesivamente fuerte.

plato general

¿qué llevaría a una isla desierta? ESTO

Y por último, es virtualmente imposible que esta receta les salga mal. A menos que DE VERDAD sean unos tarados, y yo sé que no.

(si lo son, POR FAVOR aléjense del fuego de la cocina, por el bien de la humanidad)

Vamos con la receta. Y por favor favor favorcito háganla sin miedo, inviten a todos sus amigos a comer y escuchen los “mmm” y “aahh”‘s que vienen con probar el primer bocado.

Macarrones con queso

Para dos personas

2 tazas de macaroni deshidratados

1 cucharada de mantequilla

1 cucharada colmada de harina

1 taza y media de leche entera

aproximadamente 200 gr del queso que elijas

sal, pimienta, nuez moscada y aceite de oliva

1) Ralla el queso y déjalo en un bowl.

2) Cocina la pasta en abundante agua salada. Apenas esté al dente, quítala del fuego y escurre el agua. Es importante que no quede muy blanda, porque al mezclarse con la salsa caliente se seguirá cocinando un poco.

Mientras se cocina la pasta…

3) En una olla mediana a fuego medio, derrite la mantequilla con un poco de aceite de oliva. Cuando esté líquida, agrega la harina y revuelve con una cuchara de palo o un batidor hasta mezclar por completo. Cocina esa mezcla (llamada roux) por uno o dos minutos, sin dejar de revolver, hasta que esté dorada y emane un olor como a nuez tostada.

4) Fuera del fuego, agrega alrededor de media taza de la leche. Devuelve la olla a la llama media alta y revuelve hasta que la leche se espese y el roux esté disuelto. Agrega el resto de la leche y revuelve constantemente a fuego medio hasta que hierva por un minuto o dos. Debería quedar una salsa espesa, cremosa y aterciopelada.

5) Sazona la salsa con sal, pimienta y una pizca de nuez moscada. Apaga el fuego y agrega de inmediato el queso. Revuelve hasta que esté completamente derretido e incorporado.

6) Agrega los macarrones a tu salsa y revuelve hasta bañarlos por completo. Disfruta con un poco de ají (chile) ahumado, orégano y aceite de oliva, o en su cremosa y exquisita simpleza.

Gracias por pasar. Compartan el sitio a sus amigos y conocidos y desconocidos. Saludos y abrazos y hambre!