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de zanahorias y mi nueva vida – pechuga de pollo de domingo

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Me parece un poco absurdo escribir esto después de un extenso post sobre los rollos de canela y mi indescifrable amor por hacerlos y comerlos, pero tengo que contárselos: he decidido darle un break a mi organismo y empezar una especie de “régimen saludable consciente de que mi vida no durará mucho si sigo comiendo y viviendo así”.

Todo comenzó cuando leí un interesantísimo estudio de la Universidad College of London que describía que el consumo de 7 porciones de frutas y verduras al día tenían efectos in-cre-í-bles en el cuerpo humano, reduciendo las posibilidades de morir de prácticamente cualquier cosa.

¿Se imaginan mi reacción?

“PERO SI LAS ÚNICAS FRUTAS QUE COMO EN EL DÍA SON LAS QUE VIENEN DENTRO DE UNA TARTA UNTADAS EN CREMA O CHOCOLATE O AZÚCAR O CARAMELO!”

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Entonces lo decidí. Tenía que detenerme. Alguien tenía que parar: o las galletas de meterse en mi boca, o mi mano de llevarlas ahí. Alguien paraba o terminaba con algún coma de azúcar o cosa terrible por el estilo.

Y ¿saben la verdad? no es TAN TAN TAN terrible.

Seguro, hay momentos en los que sólo quiero atragantarme con un muffin gigante de chocolate y tengo que contentarme con una saludable manzana, pero el gran descubrimiento es que no todo tiene que ser desabrido, aburrido y atroz. Algo de lo que ya les contaré más adelante.

(AVISO: bajo ningún punto este post determina que dejaré de comer dulces y pasteles por montón, o que este humilde blog se transformará en un insoportable recetario hipocalórico lechuguístico. Sólo necesito vivir así por un tiempo para equilibrar mi sistema y no morir antes de cumplir los 22)

(AVISO 2: sé que suena como que fuera un experto en vida saludable y que tuviera todas las respuestas a los problemas más comunes y que ya estuviera absolutamente comprometido en esta nueva aventura, pero la triste verdad es que SÓLO LLEVO DOS DÍAS)

He intentado milkshakes y jugos y batidos, ensaladas de varios tipos y distintos regímenes de ejercicio (asumiendo que correr 5 minutos hasta quedar moribundo en el piso sí es “ejercicio”) y lo único que les puedo decir es que NO HAY NINGUNA RECETA MÁGICA para convertirse en una persona un poco más saludable. Sólo hagan lo que los haga sentir bien, coman lo que los haga sentir mejor. No se trata de vivir de zanahorias y té de jengibre, sólo de darle a nuestros queridos cuerpos un pequeño respiro en esta vida terrible que los hacemos pasar.

Una forma de hacerlo: LOS BATIDOS! Como lo sabrán mis seguidores de twitter, mi primer día de vida nueva comenzó con un asqueroso smoothie/licuado de pepino, manzana y yogur. NUNCA LO HAGAN. Pero sí intenten varios otros que pueden encontrar en internet o crear ustedes mismos. Los jugos y batidos son formas rápidas, ricas y fáciles de darles a sus cuerpos dos, tres o cuatro porciones de vegetales ANTES DE SIQUIERA empezar el día.

Ya, en algún post futuro, les mostraré como resultan mis experimentos.

Ahora, a lo que vinimos: el pollo.

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Aunque no es una bomba de nutrientes, sí es bastante más saludable que otras recetas que les he mostrado por acá. Es bajo en grasas y altísimo en sabor.

¿Pollo de domingo? Pues si, porque aunque se prepara en menos de 20 minutos y con un manojo de ingredientes, sí es el tipo de comida de domingos: rico, cremoso, jugoso, y con mucho sabor. Ese día, lo acompañamos de un puré de papas tradicional y unos repollos/coles de brusela asados.

Es muy sencillo.

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Comienzas cortando una cebolla en cubitos no tan pequeños y un poco irregulares. No interesa. La salteas unos 5 minutos en un poquito de aceite de oliva hasta que se suavice. Agregas, encima de la cebolla, dos pechugas de pollo sin piel y sin hueso. Sazonas con sal y pimienta y agregas un poco de leche. Cocinas por un lado unos 10 minutos y giras, sazonando por el otro lado y agregando un poco más de leche.

Sólo tienes que seguirlo volteando en la sartén y agregando más liquido de ser necesario (puede ser leche, caldo o incluso agua – quieres que quede jugoso y tierno, así que mantén un poco de líquido siempre en la base) hasta que esté cocido completamente. Agregas un poco de orégano, albahaca y hierbas a tu elección Y LISTO!

Cena para sorprender a cualquiera.

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Pechuga de pollo de domingo

Para dos personas

Ingredientes:

– Dos pechugas de pollo sin hueso y sin piel.

– Una cebolla grande y un diente de ajo

– 3/4 de taza de leche (puede ser mitad leche y mitad caldo)

– Hierbas secas a elección (yo usé orégano, albahaca y perejil)

– Sal, pimienta y aceite de oliva.

1) Corta la cebolla en cubos.

2) Calienta una sartén grande a fuego medio-alto con una cucharada de aceite de oliva.

3) Agrega la cebolla. Échale una pizca de sal (sólo para soltar el líquido) y cocina por unos 6-7 minutos, revolviendo periódicamente.

4) Baja el fuego a medio. Agrega el ajo rallado o picado finamente. Mezcla para incorporar. Cocina por unos 3 minutos más, revolviendo constantemente para evitar que se queme o se fría en exceso.

5) Haz un espacio al medio de la cebolla y agrega las dos pechugas de pollo. Sazona por encima con sal y pimienta y agrega la mitad de la leche. Si puedes, tapa la sartén (esto evitará que se pierda líquido innecesariamente) y cocina por unos 8-10 minutos. Asegúrate de levantar el pollo y asegurarte que no esté seco por abajo.

6) Voltea las pechugas y agrega el resto de la leche (o más o menos de ser necesario). Sazona el pollo por ese lado y cocina por 10 minutos más, o hasta que esté tierno, cocido completamente pero NO SECO.

7) Agrega las hierbas y mezcla. Sirve con puré de papas y vegetales, arroz, o con pan francés o con lo que te dé la gana.

Gracias como siempre por pasarse. Compartan el sitio, síganme en redes sociales y marquen este blog en favoritos!

Nos leemos (si es que logro sobrevivir a mis próximos 5 minutos de trote).

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mejor de lo que piensas – macarrones primavera

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Cuando somos grandes (no grandes-gordos, sino grandes-adultos; aunque ambas pueden ir juntas) se supone que nos empiecen a gustar las verduras.

La leyenda de la historia humana cuenta que todas esas cosas verdes, extrañas y viscosas que NO QUEREMOS COMER cuando somos chicos (véase: acelga, zapallo italiano, espinaca, cilantro, brócoli, coliflor, berenjenas) van a empezar a verse atractivas en algún momento de nuestra vida. A los 15, o a los 20, o algo así. Digamos, siempre vimos a nuestros padres, tíos y abuelos comer verduras y comer más y yo siempre pensaba para mí mismo “¿será que cuando uno es adulto encuentra ricas otras cosas?”.

Y bueno, no, no es muy así. No es así en absoluto.

1-DSCN3901Nunca jamás encontramos que un brócoli hervido por casi una hora es apetitoso o atractivo. Jamás sentiremos deseos de comer un zapallo italiano (o calabacín, o zucchini) que se deshace apenas tocarlo con el tenedor y que parece como masticar un pedazo de nada.

A NADIE LE GUSTAN LAS VERDURAS cuando están mal cocinadas. Y con mal cocinadas me refiero, casi totalmente, a cocinadas de más.

Y es que por algún motivo que probablemente tiene que ver con los pesticidas y las bacterias y enfermedades, estamos convencidos de que es IMPERANTE hervir y cocinar las verduras hasta desintegrarlas. ¡GRAN ERROR!

Si bien es cierto -por lo menos para mí- que es difícil elegir una zanahoria por sobre un jugoso filete (lo siento, vegetarianos), las verduras no tienen por qué ser aburridas, insípidas o derechamente desagradables.

Si les digo que me comí dos platos de esta pasta con el mismo placer que me comería un spaghetti con salsa bolognesa, ME CREERÍAN? Deberían, porque es verdad.

1-DSCN3903Y si no les gusta el brócoli en ninguna de sus formas – ¡omítanlo! La belleza de esta receta es que es más una idea que una receta. Pueden usar cualquier verdura que les guste, que tengan a mano o que esté en estación.

(GRAN PARÉNTESIS: de verdad les digo, aprovechando esta receta que contiene verduras -una rareza- que vayan a sus mercados locales, a sus almacenes del barrio y a las ferias que se organicen en su ciudad y CONSIGAN AHÍ sus verduras. Hay demasiadas razones y motivos muy profundos para justificar esto, pero en resumen: conseguirán verduras más baratas, de mejor calidad, podrán elegir entre una infinita variedad, aprenderán mucho sobre qué elegir y dónde comprar y cómo conservar los ingredientes, y por último, estarán aportando significativamente a su economía local, y sus billetes y monedas llegarán a los bolsillos de los comerciantes de su sector Y NO al bolsillo de un señor de traje viviendo en Washington DC)

Obviamente, lo ideal es que ocupen verduras que se cocinen en poco tiempo. Personalmente, no usaría papas, zanahorias o zapallo (calabaza), porque lo que me gusta de esta receta es su rapidez, pero pueden hacerlo si quieren.

Dependiendo de las verduras que elijan, deben medir cuándo poner qué en la sartén: por ejemplo, los champiñones demoran unos 5 minutos en estar listos, pero el brócoli necesitará unos 10.

Sobre la pasta: yo creo que deben ser macarrones o algo por el estilo, alguna pasta pequeña cuya forma y tamaño se asemeje a las verduras. Si haces esto con spaghetti, sin duda quedará fantabuloso, pero me imagino que es un poco más difícil comerlo. Aunque quizás no.

De verdad de veritas que no necesita NADA de carne.

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Yo hago más o menos lo siguiente: Pongo a hervir el agua para los maccorrones. Corto las verduras en tamaños pequeños (lo que se conoce como bite-size, o tamaño de un bocado) y las aparto en una tabla grande o un bowl o un plato.

Enciendo la sartén (debe ser grande, no quieres que las verduras se sobrepongan en la cocción) a fuego medio alto (necesitamos temperatura fuerte, porque queremos que nuestros vegetales tomen un poco de color como caramelizado o tostado) y echo un chorrito de aceite (el que tengas, el que uses). Cuando está caliente, echo el brócoli y lo muevo un poco.

Uno o dos minutos después, enciendo la olla para la pasta, la lleno con agua y una generosa cantidad de sal y espero a que hierva de nuevo.

Agrego los macarrones a la olla y muevo para que no se peguen.

Vuelvo a mi brócoli, lo muevo un poco más y agrego el zapallo italiano (zucchini) cortado en daditos. Una vez que tomó un poco de color, sazono con una pizca de sal para que los vegetales suelten un poco de líquido.

Agrego el cebollín (o puerro, o cebolla de verdeo) y salteo todo unos 3 minutos. Cuando está casi listo, agrego los champiñones cortados en cuartos. Agrego un gran generoso abundante pedazo de mantequilla y revuelvo todo. La idea es que un poco del zapallo italiano se deshaga y forme como una “salsa”. Pero en su mayoría debe estar íntegro. MUY IMPORTANTE: agrega un diente grande de ajo, rallado, molido o picado finamente.

Cuando la pasta está al dente, tomo alrededor de 1/4 de taza (o un poco menos) del agua de la cocción y la agrego a la sartén. Tomo una o dos cucharadas de semillas de sésamo y las agrego junto con algunas hierbas aromáticas (como tomillo y orégano) y un chorrito de aceite de sésamo. Dejo que un poco del agua se evapore, cocinando uno o dos minutos más.

Y LISTO! Un poco de parmesano rallado es, a estas alturas, un derecho humano.

Obvio que hay días que sólo una jugosa hamburguesa con queso puede elevar nuestras almas, pero para el resto, este plato es una gratísima sorpresa. Los vegetales SÍ PUEDEN ser ricos.

Macarrones primavera

Para tres personas

– Dos o tres puñados grandes de macarrones deshidratados (una taza y media, aproximadamente)

– Un brócoli pequeño

– Un zapallo italiano (o zucchini) mediano.

– 7 u 8 champiñones blancos grandes.

– 2 cebollines (o cebollas de verdeo)

– 1 diente grande de ajo, rallado o picado finamente

– dos cucharadas de semillas de sésamo

– Sal, pimienta, aceite y condimentos.

1) Hierve alrededor de un litro de agua y agrégala a una olla grande. Agrega una pizca de sal y espera a que rompa un hervor.

2) Corta el brócoli en arbolitos, tomando el tallo con una mano y cortando con la otra. No importa que queden irregulares. Lávalos en un colador o bowl y reserva.

3) Corta el zapallo italiano en cuatro “rodajas” a lo largo, quedando con cuatro láminas gruesas. Córtalas en tiras y luego en cubos pequeños. Reserva.

4) Corta el cebollín en rodajas finas, incluyendo las hojas. Reserva.

5) Corta los champiñones en cuartos (o a la mitad si son pequeños) y reserva. Enciende una sartén con un poco de aceite a fuego medio-alto.

6) Agrega la pasta a la olla y el brócoli a la sartén. Saltea uno o dos minutos y agrega el zapallo italiano. Mueve rápidamente y déjalo uno o dos minutos para caramelizar suavemente.

7) Sazona ligeramente con sal y sigue salteando. Agrega el cebollín y mueve. Agrega, si quieres, un pedacito de mantequilla y los champiñones. Baja el fuego a medio.

8) Cuando la pasta esté al dente, toma un poco del agua de la cocción (no más de 1/4 de taza) y agrégalo a los vegetales. Sube el fuego y espera a que se evapore un poco el líquido. Mezcla con la pasta, agrega el sésamo, rectifica la sazón y sirve con un poco de parmesano por encima.

¡Gracias por la visita!

sobreviviente – pasta con salsa de beurre noisette

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Es que les prometo prometo prometo que este es el último post que empieza con una historia dramática o insoportablemente llorona.

No sé muy bien que es lo que pasa con mi vida últimamente. Debe ser algún embrujo efectuado por mis vecinos del edificio que están aburridos de mis intensas sesiones de karaoke en horas inesperadas.

champignones-tablaPero ¿qué puedo decir? Uno nunca sabe a qué hora se va a sentir una estrella de broadway o un ídolo pop.

Bueno, el asunto esta vez es el siguiente.

Mi vida caminaba normal. Era media mañana, acababa de salir de la universidad, y yo estaba de-ter-mi-na-do a tomarme un espresso.

Y llegamos a la cafetería, y no tenían espressos. Ni americanos. Era una cafetería Y NO TENÍAN CAFÉ! (en honor a la verdad, era dunkin’ donuts… PERO AÚN ASÍ).

Miré a la vendedora con profunda decepción, y caminé hacia el siguiente negocio. En serio, puedo flaquear, puedo dudar, mis convicciones pueden volar en pedazos y qué se yo. Pero cuando quiero un café, QUIERO UN CAFÉ.

Ahora sí era una cafetería, así que simplemente ordené: “quiero un espresso doble, por favor”

DEBERÍA HABER SIDO UN ESPRESSO SIMPLE, pero yo tenté al destino.

“Por supuesto!” respondió la vendedora. Y comenzó a preparar mi café.

Y AHÍ EMPEZÓ TODO.

Si ustedes toman café habitualmente, sabrán que un espresso (o express) son ¿30 ml de café? más o menos. Un espresso doble, por lo tanto, son no más de 60 ml. Un cuarto de taza.

La barista me dió un vaso grande de café. UN VASO GRANDE.

Y me lo tomé todo. Y media hora después empecé a sentirme agitado. Y un par de horas después empecé a sentirme REALMENTE MAL. Tanto, que tuve que correr a mi casa antes de MORIR.

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Bueno, seguramente no de MORIR, pero casi, queridos lectores, CASI morir.

Mi corazón palpitaba trescientas veces su capacidad, tenía frío y calor al mismo tiempo, tenía sueño y estaba agitado al mismo tiempo. Si eso no es lo peor que me ha pasado en la vida, EN LA VIDA!, no sé que será.

Sí, desde acá, atrás en el tiempo y lejos en el espacio, puedo escuchar sus pesados comentarios de “pues para qué te tomaste todo el vaso”. Pero es que ustedes no entienden. Cuando se trata de café, yo no sé cuando parar.

Ahora sé cuando.

Nunca tomen un espresso cuádruple a menos que quieran abandonar el mundo de los vivos.

EN SERIO.

Bueno, sobreviví. Moraleja aprendida. Moraleja compartida. Vamos con la receta de hoy.

noisette-champiñonesCuando pensaba en cómo llamar esta receta, de verdad quería no incluir “beurre noisette” en el título, porque a quién le importan los nombres franceses para la comida. A MÍ NO.

Pero es que no sabía cómo más llamarla. ¿Mantequilla café? Ew. ¿Mantequilla marrón? YUCK. ¿Mantequilla dorada? Mmm, tal vez, pero no me convenció.

Beurre noisette fue mi elección. Significa “mantequilla avellana”. Y antes que me juzguen por hacer cosas tan complicadas y raras, déjenme confesarles que la beurre noisette no es más que mantequilla cocinada unos dos o tres minutos. Exacto. Nada más, así de simple, tal cual.

Es exquisita. Y aquí es la base para una salsa “blanca” que es más bien beige o algo así. Es fácil, es rápido, es barato, es hipercalórico, es de-li-cio-so. Y, francemente, si ya no perdimos nuestros kilos de más para el verano ¿para qué preocuparse por perderlos para el otoño?

La estación de las chaquetas y bufandas que cubren nuestras panzas es la excusa PERFECTA para deleitarse con un plato de pasta, y con ESTE plato de pasta.

pasta-noisetteTiene champiñones, un favorito de todos. Tiene mantequilla, una favorita mundial. ¿Qué puede salir mal?

Sólo una cosa: que una vez que lo pruebes, no vas a parar de comerlo.

Haz suficiente para todos!

Pasta con salsa de beurre noisette

Para un glotón descontrolado (ejem) o dos personas normales.

– alrededor de 170 gr de pasta deshidratada (que es un poco más de un tercio de un paquete común)

– tres cucharadas de mantequilla

– una cucharada de harina común

– una taza de leche entera, fría o a t° ambiente

– alrededor de 7 champiñones cremini (los típicos blancos) o unos 5 portobello (unos más grandes y oscuros)

– aceite de oliva, sal y pimienta.

1) Hierve alrededor de un litro o un litro y medio de agua en una olla grande (o en un hervidor eléctrico) y agrega una abundante pizca de sal. Cuando el agua rompa hervor, agrega la pasta.

2) A una sartén u olla mediana a fuego medio, agrega la mantequilla con un chorrito de aceite de oliva. Espera a que se derrita, espume un poco y comience a dorarse. En unos dos minutos, ya debería tener un color marrón y desprender un aroma como a avellana tostada. Apaga el fuego apenas llegues a ese punto.

3) Agrega la harina y revuelve con un batidor o cucharón de madera hasta disolver (hará un poco de espuma). Devuelve la sartén al fuego medio y revuelve constantemente uno o dos minutos.

4) Agrega la mitad de la leche y mezcla para disolver. Una vez que esté incorporado y espeso, agrega el resto y mezcla sin parar. Deberías obtener una salsa dorada y lisa.

5) Agrega los champiñones cortados en rodajas a tu salsa. Cocínalos unos dos  a tres minutos y sazona a gusto.

6) Cuela la pasta (que ya debería estar cocida) y agrégala a tu olla con la salsa. Mezcla todo y COME, espolvoreado con un poco más de aceite, parmesano rallado o en su exquisita y elegante simpleza.

Disfruta y gracias por la visita!

Mejor que la caja – Macarrones con queso

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Estoy absolutamente agotado y llevo apenas una semana de clases. Absolutamente agotado, digo, y absolutamente agotado estoy.

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Harina. El espíritu santo de la cocina.

Pero no son las clases, no. Es esta ciudad. Permanentemente sonando, permanentemente moviéndose y permanentemente iluminada. Luces, autos, ruidos, buses, gente, gente por todas partes dios santo.

Aunque es verdad que Santiago de Chile es una metrópolis interesante e infinitamente entretenida, hay días que simplemente hay que forzar a la mitad de la población a quedarse en sus casas. Hay días en que la gente no cabe en las calles, NO CABE!

Y -volviendo a mi momento de drama queen- les decía que estoy agotado. AGOTADO, pero de ninguna forma deprimido ni desanimado. Es sólo que a veces mi cuerpo me pide a gritos acostarme en mi cama, poner los grandes éxitos de Mariah Carey y refugiar mi espíritu en una taza de capuccino.

Ese es el momento que estoy viviendo (excepto por lo del capuccino, no tengo la energía vital mínima requerida para encender la cafetera).

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Mantequilla. Mi única adicción reconocida.

Bueno, todo esta declaración de agotamiento extremo sólo nos lleva a una cosa: cuando el cuerpo no responde y el espíritu está desvanecido, hay algo que nunca, nunca falla.

Bueno, hay dos cosas.

Primero, el chocolate. DIOS MÍO que no daría por tener una barra de chocolate aquí y ahora. Pero ya más adelante, otro día, hablaremos de eso.

Y segundo, nuestro protagonista de hoy: el queso.

Esto es gloria.

Esto es gloria.

Nada renueva a un ser humano como una abundante ración de queso. En la forma que sea y del tipo que sea. Croquetas, nachos, un sándwich, pizza, en cubitos, en frituras, mozarella, pecorino, parmesano, cheddar, gouda, gruyere, queso crema… Y la lista-gracias a la divina providencia-  es infinita.

Hoy? En forma de macarrones con queso. Suaves y perfectamente-cocinados macarrones bañados casi ilegalmente en una cremosa, deliciosa y facilísima salsa de queso.

h-a-m-b-r-e

h-a-m-b-r-e

Y las cosas sobre esta receta que son sencillamente geniales son muchas.

Primero, si todo sale bien y no tienes ningún inconveniente o accidente mortal en el proceso, tienes el plato de macarrones con queso, listo en la mesa, en menos de veinte minutos. Y no me refiero a este tipo de cocina tipo Cenas en 30 minutos con Jamie Oliver, sino que cocinando calmadamente y sin usar ningún tipo de procesador o batidora o loquesea.

Es bastante simple: cocinas la pasta, haces una salsa bechamel básica, la mezclas con queso, mezclas la pasta con la salsa, voilà.

Además, es inmensamente modificable en toda su esencia.

Puedes cambiar los macarrones por pastas alargadas (como tagliatelle, linguini o spaghetti) para una textura diferente. O puedes usar la salsa en una lasagna o con verduras al horno.

Puedes agregar cubitos de jamón, pedazos de tocino, cebolla y ajo, vegetales picados, condimentos por montón.

Puedes hacerlo -como hoy- en su versión más simple o puedes poner todo en una bandeja para horno, rociar con aceite de oliva y migas de pan y ponerlo bajo el grill para tener una corteza crujiente y exquisita.

Y -por supuesto- tienes el queso. Yo hoy usé un queso artesanal chileno, pero puedes usar el clásico Cheddar amarillo, puedes usar mozarella o parmesano para un giro italiano, o incluso ricotta y queso fresco para una versión más liviana (aunque si buscas comidas livianas, probablemente deberías omitir los macarrones con queso, o no?). Lo importante es que sea un queso que te guste, que se derrita fácilmente y que no tenga un sabor excesivamente fuerte.

plato general

¿qué llevaría a una isla desierta? ESTO

Y por último, es virtualmente imposible que esta receta les salga mal. A menos que DE VERDAD sean unos tarados, y yo sé que no.

(si lo son, POR FAVOR aléjense del fuego de la cocina, por el bien de la humanidad)

Vamos con la receta. Y por favor favor favorcito háganla sin miedo, inviten a todos sus amigos a comer y escuchen los “mmm” y “aahh”‘s que vienen con probar el primer bocado.

Macarrones con queso

Para dos personas

2 tazas de macaroni deshidratados

1 cucharada de mantequilla

1 cucharada colmada de harina

1 taza y media de leche entera

aproximadamente 200 gr del queso que elijas

sal, pimienta, nuez moscada y aceite de oliva

1) Ralla el queso y déjalo en un bowl.

2) Cocina la pasta en abundante agua salada. Apenas esté al dente, quítala del fuego y escurre el agua. Es importante que no quede muy blanda, porque al mezclarse con la salsa caliente se seguirá cocinando un poco.

Mientras se cocina la pasta…

3) En una olla mediana a fuego medio, derrite la mantequilla con un poco de aceite de oliva. Cuando esté líquida, agrega la harina y revuelve con una cuchara de palo o un batidor hasta mezclar por completo. Cocina esa mezcla (llamada roux) por uno o dos minutos, sin dejar de revolver, hasta que esté dorada y emane un olor como a nuez tostada.

4) Fuera del fuego, agrega alrededor de media taza de la leche. Devuelve la olla a la llama media alta y revuelve hasta que la leche se espese y el roux esté disuelto. Agrega el resto de la leche y revuelve constantemente a fuego medio hasta que hierva por un minuto o dos. Debería quedar una salsa espesa, cremosa y aterciopelada.

5) Sazona la salsa con sal, pimienta y una pizca de nuez moscada. Apaga el fuego y agrega de inmediato el queso. Revuelve hasta que esté completamente derretido e incorporado.

6) Agrega los macarrones a tu salsa y revuelve hasta bañarlos por completo. Disfruta con un poco de ají (chile) ahumado, orégano y aceite de oliva, o en su cremosa y exquisita simpleza.

Gracias por pasar. Compartan el sitio a sus amigos y conocidos y desconocidos. Saludos y abrazos y hambre!