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de zanahorias y mi nueva vida – pechuga de pollo de domingo

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Me parece un poco absurdo escribir esto después de un extenso post sobre los rollos de canela y mi indescifrable amor por hacerlos y comerlos, pero tengo que contárselos: he decidido darle un break a mi organismo y empezar una especie de “régimen saludable consciente de que mi vida no durará mucho si sigo comiendo y viviendo así”.

Todo comenzó cuando leí un interesantísimo estudio de la Universidad College of London que describía que el consumo de 7 porciones de frutas y verduras al día tenían efectos in-cre-í-bles en el cuerpo humano, reduciendo las posibilidades de morir de prácticamente cualquier cosa.

¿Se imaginan mi reacción?

“PERO SI LAS ÚNICAS FRUTAS QUE COMO EN EL DÍA SON LAS QUE VIENEN DENTRO DE UNA TARTA UNTADAS EN CREMA O CHOCOLATE O AZÚCAR O CARAMELO!”

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Entonces lo decidí. Tenía que detenerme. Alguien tenía que parar: o las galletas de meterse en mi boca, o mi mano de llevarlas ahí. Alguien paraba o terminaba con algún coma de azúcar o cosa terrible por el estilo.

Y ¿saben la verdad? no es TAN TAN TAN terrible.

Seguro, hay momentos en los que sólo quiero atragantarme con un muffin gigante de chocolate y tengo que contentarme con una saludable manzana, pero el gran descubrimiento es que no todo tiene que ser desabrido, aburrido y atroz. Algo de lo que ya les contaré más adelante.

(AVISO: bajo ningún punto este post determina que dejaré de comer dulces y pasteles por montón, o que este humilde blog se transformará en un insoportable recetario hipocalórico lechuguístico. Sólo necesito vivir así por un tiempo para equilibrar mi sistema y no morir antes de cumplir los 22)

(AVISO 2: sé que suena como que fuera un experto en vida saludable y que tuviera todas las respuestas a los problemas más comunes y que ya estuviera absolutamente comprometido en esta nueva aventura, pero la triste verdad es que SÓLO LLEVO DOS DÍAS)

He intentado milkshakes y jugos y batidos, ensaladas de varios tipos y distintos regímenes de ejercicio (asumiendo que correr 5 minutos hasta quedar moribundo en el piso sí es “ejercicio”) y lo único que les puedo decir es que NO HAY NINGUNA RECETA MÁGICA para convertirse en una persona un poco más saludable. Sólo hagan lo que los haga sentir bien, coman lo que los haga sentir mejor. No se trata de vivir de zanahorias y té de jengibre, sólo de darle a nuestros queridos cuerpos un pequeño respiro en esta vida terrible que los hacemos pasar.

Una forma de hacerlo: LOS BATIDOS! Como lo sabrán mis seguidores de twitter, mi primer día de vida nueva comenzó con un asqueroso smoothie/licuado de pepino, manzana y yogur. NUNCA LO HAGAN. Pero sí intenten varios otros que pueden encontrar en internet o crear ustedes mismos. Los jugos y batidos son formas rápidas, ricas y fáciles de darles a sus cuerpos dos, tres o cuatro porciones de vegetales ANTES DE SIQUIERA empezar el día.

Ya, en algún post futuro, les mostraré como resultan mis experimentos.

Ahora, a lo que vinimos: el pollo.

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Aunque no es una bomba de nutrientes, sí es bastante más saludable que otras recetas que les he mostrado por acá. Es bajo en grasas y altísimo en sabor.

¿Pollo de domingo? Pues si, porque aunque se prepara en menos de 20 minutos y con un manojo de ingredientes, sí es el tipo de comida de domingos: rico, cremoso, jugoso, y con mucho sabor. Ese día, lo acompañamos de un puré de papas tradicional y unos repollos/coles de brusela asados.

Es muy sencillo.

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Comienzas cortando una cebolla en cubitos no tan pequeños y un poco irregulares. No interesa. La salteas unos 5 minutos en un poquito de aceite de oliva hasta que se suavice. Agregas, encima de la cebolla, dos pechugas de pollo sin piel y sin hueso. Sazonas con sal y pimienta y agregas un poco de leche. Cocinas por un lado unos 10 minutos y giras, sazonando por el otro lado y agregando un poco más de leche.

Sólo tienes que seguirlo volteando en la sartén y agregando más liquido de ser necesario (puede ser leche, caldo o incluso agua – quieres que quede jugoso y tierno, así que mantén un poco de líquido siempre en la base) hasta que esté cocido completamente. Agregas un poco de orégano, albahaca y hierbas a tu elección Y LISTO!

Cena para sorprender a cualquiera.

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Pechuga de pollo de domingo

Para dos personas

Ingredientes:

– Dos pechugas de pollo sin hueso y sin piel.

– Una cebolla grande y un diente de ajo

– 3/4 de taza de leche (puede ser mitad leche y mitad caldo)

– Hierbas secas a elección (yo usé orégano, albahaca y perejil)

– Sal, pimienta y aceite de oliva.

1) Corta la cebolla en cubos.

2) Calienta una sartén grande a fuego medio-alto con una cucharada de aceite de oliva.

3) Agrega la cebolla. Échale una pizca de sal (sólo para soltar el líquido) y cocina por unos 6-7 minutos, revolviendo periódicamente.

4) Baja el fuego a medio. Agrega el ajo rallado o picado finamente. Mezcla para incorporar. Cocina por unos 3 minutos más, revolviendo constantemente para evitar que se queme o se fría en exceso.

5) Haz un espacio al medio de la cebolla y agrega las dos pechugas de pollo. Sazona por encima con sal y pimienta y agrega la mitad de la leche. Si puedes, tapa la sartén (esto evitará que se pierda líquido innecesariamente) y cocina por unos 8-10 minutos. Asegúrate de levantar el pollo y asegurarte que no esté seco por abajo.

6) Voltea las pechugas y agrega el resto de la leche (o más o menos de ser necesario). Sazona el pollo por ese lado y cocina por 10 minutos más, o hasta que esté tierno, cocido completamente pero NO SECO.

7) Agrega las hierbas y mezcla. Sirve con puré de papas y vegetales, arroz, o con pan francés o con lo que te dé la gana.

Gracias como siempre por pasarse. Compartan el sitio, síganme en redes sociales y marquen este blog en favoritos!

Nos leemos (si es que logro sobrevivir a mis próximos 5 minutos de trote).

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mejor de lo que piensas – macarrones primavera

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Cuando somos grandes (no grandes-gordos, sino grandes-adultos; aunque ambas pueden ir juntas) se supone que nos empiecen a gustar las verduras.

La leyenda de la historia humana cuenta que todas esas cosas verdes, extrañas y viscosas que NO QUEREMOS COMER cuando somos chicos (véase: acelga, zapallo italiano, espinaca, cilantro, brócoli, coliflor, berenjenas) van a empezar a verse atractivas en algún momento de nuestra vida. A los 15, o a los 20, o algo así. Digamos, siempre vimos a nuestros padres, tíos y abuelos comer verduras y comer más y yo siempre pensaba para mí mismo “¿será que cuando uno es adulto encuentra ricas otras cosas?”.

Y bueno, no, no es muy así. No es así en absoluto.

1-DSCN3901Nunca jamás encontramos que un brócoli hervido por casi una hora es apetitoso o atractivo. Jamás sentiremos deseos de comer un zapallo italiano (o calabacín, o zucchini) que se deshace apenas tocarlo con el tenedor y que parece como masticar un pedazo de nada.

A NADIE LE GUSTAN LAS VERDURAS cuando están mal cocinadas. Y con mal cocinadas me refiero, casi totalmente, a cocinadas de más.

Y es que por algún motivo que probablemente tiene que ver con los pesticidas y las bacterias y enfermedades, estamos convencidos de que es IMPERANTE hervir y cocinar las verduras hasta desintegrarlas. ¡GRAN ERROR!

Si bien es cierto -por lo menos para mí- que es difícil elegir una zanahoria por sobre un jugoso filete (lo siento, vegetarianos), las verduras no tienen por qué ser aburridas, insípidas o derechamente desagradables.

Si les digo que me comí dos platos de esta pasta con el mismo placer que me comería un spaghetti con salsa bolognesa, ME CREERÍAN? Deberían, porque es verdad.

1-DSCN3903Y si no les gusta el brócoli en ninguna de sus formas – ¡omítanlo! La belleza de esta receta es que es más una idea que una receta. Pueden usar cualquier verdura que les guste, que tengan a mano o que esté en estación.

(GRAN PARÉNTESIS: de verdad les digo, aprovechando esta receta que contiene verduras -una rareza- que vayan a sus mercados locales, a sus almacenes del barrio y a las ferias que se organicen en su ciudad y CONSIGAN AHÍ sus verduras. Hay demasiadas razones y motivos muy profundos para justificar esto, pero en resumen: conseguirán verduras más baratas, de mejor calidad, podrán elegir entre una infinita variedad, aprenderán mucho sobre qué elegir y dónde comprar y cómo conservar los ingredientes, y por último, estarán aportando significativamente a su economía local, y sus billetes y monedas llegarán a los bolsillos de los comerciantes de su sector Y NO al bolsillo de un señor de traje viviendo en Washington DC)

Obviamente, lo ideal es que ocupen verduras que se cocinen en poco tiempo. Personalmente, no usaría papas, zanahorias o zapallo (calabaza), porque lo que me gusta de esta receta es su rapidez, pero pueden hacerlo si quieren.

Dependiendo de las verduras que elijan, deben medir cuándo poner qué en la sartén: por ejemplo, los champiñones demoran unos 5 minutos en estar listos, pero el brócoli necesitará unos 10.

Sobre la pasta: yo creo que deben ser macarrones o algo por el estilo, alguna pasta pequeña cuya forma y tamaño se asemeje a las verduras. Si haces esto con spaghetti, sin duda quedará fantabuloso, pero me imagino que es un poco más difícil comerlo. Aunque quizás no.

De verdad de veritas que no necesita NADA de carne.

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Yo hago más o menos lo siguiente: Pongo a hervir el agua para los maccorrones. Corto las verduras en tamaños pequeños (lo que se conoce como bite-size, o tamaño de un bocado) y las aparto en una tabla grande o un bowl o un plato.

Enciendo la sartén (debe ser grande, no quieres que las verduras se sobrepongan en la cocción) a fuego medio alto (necesitamos temperatura fuerte, porque queremos que nuestros vegetales tomen un poco de color como caramelizado o tostado) y echo un chorrito de aceite (el que tengas, el que uses). Cuando está caliente, echo el brócoli y lo muevo un poco.

Uno o dos minutos después, enciendo la olla para la pasta, la lleno con agua y una generosa cantidad de sal y espero a que hierva de nuevo.

Agrego los macarrones a la olla y muevo para que no se peguen.

Vuelvo a mi brócoli, lo muevo un poco más y agrego el zapallo italiano (zucchini) cortado en daditos. Una vez que tomó un poco de color, sazono con una pizca de sal para que los vegetales suelten un poco de líquido.

Agrego el cebollín (o puerro, o cebolla de verdeo) y salteo todo unos 3 minutos. Cuando está casi listo, agrego los champiñones cortados en cuartos. Agrego un gran generoso abundante pedazo de mantequilla y revuelvo todo. La idea es que un poco del zapallo italiano se deshaga y forme como una “salsa”. Pero en su mayoría debe estar íntegro. MUY IMPORTANTE: agrega un diente grande de ajo, rallado, molido o picado finamente.

Cuando la pasta está al dente, tomo alrededor de 1/4 de taza (o un poco menos) del agua de la cocción y la agrego a la sartén. Tomo una o dos cucharadas de semillas de sésamo y las agrego junto con algunas hierbas aromáticas (como tomillo y orégano) y un chorrito de aceite de sésamo. Dejo que un poco del agua se evapore, cocinando uno o dos minutos más.

Y LISTO! Un poco de parmesano rallado es, a estas alturas, un derecho humano.

Obvio que hay días que sólo una jugosa hamburguesa con queso puede elevar nuestras almas, pero para el resto, este plato es una gratísima sorpresa. Los vegetales SÍ PUEDEN ser ricos.

Macarrones primavera

Para tres personas

– Dos o tres puñados grandes de macarrones deshidratados (una taza y media, aproximadamente)

– Un brócoli pequeño

– Un zapallo italiano (o zucchini) mediano.

– 7 u 8 champiñones blancos grandes.

– 2 cebollines (o cebollas de verdeo)

– 1 diente grande de ajo, rallado o picado finamente

– dos cucharadas de semillas de sésamo

– Sal, pimienta, aceite y condimentos.

1) Hierve alrededor de un litro de agua y agrégala a una olla grande. Agrega una pizca de sal y espera a que rompa un hervor.

2) Corta el brócoli en arbolitos, tomando el tallo con una mano y cortando con la otra. No importa que queden irregulares. Lávalos en un colador o bowl y reserva.

3) Corta el zapallo italiano en cuatro “rodajas” a lo largo, quedando con cuatro láminas gruesas. Córtalas en tiras y luego en cubos pequeños. Reserva.

4) Corta el cebollín en rodajas finas, incluyendo las hojas. Reserva.

5) Corta los champiñones en cuartos (o a la mitad si son pequeños) y reserva. Enciende una sartén con un poco de aceite a fuego medio-alto.

6) Agrega la pasta a la olla y el brócoli a la sartén. Saltea uno o dos minutos y agrega el zapallo italiano. Mueve rápidamente y déjalo uno o dos minutos para caramelizar suavemente.

7) Sazona ligeramente con sal y sigue salteando. Agrega el cebollín y mueve. Agrega, si quieres, un pedacito de mantequilla y los champiñones. Baja el fuego a medio.

8) Cuando la pasta esté al dente, toma un poco del agua de la cocción (no más de 1/4 de taza) y agrégalo a los vegetales. Sube el fuego y espera a que se evapore un poco el líquido. Mezcla con la pasta, agrega el sésamo, rectifica la sazón y sirve con un poco de parmesano por encima.

¡Gracias por la visita!