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salsa de tomate básica

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Hola otra vez!

Hacen alrededor de 4500 grados en Santiago de Chile, llevo un mes tomando mi peso en agua y casi sin encender el horno, así que se me ocurrió la brillante idea de compartir algunas recetas que tengo archivadas hace tiempo.

La primera de ellas, un básico esencial elemental primario: salsa de tomate.

OBVIO que si todo el asunto de la cocina se les hace un infierno y la idea de ocupar 5 minutos de su día en preparar algo parece un castigo chino, pueden comprar un frasco de salsa de tomates lista, esa que viene con verduras, aliños, unos extraños y marcianos pedazos de carne (?????????) y sabor a 1997 (que es probablemente cuando fueron fabricadas y dejadas en las vitrinas), SIN EMBARGO, si tienen un poco de amor por ustedes por favor, por favorcito, intenten esto.

Y no se engañen, no tiene nada de malo usar preparaciones en sachets de vez en cuando, y si encuentran una alternativa que tenga la menor cantidad de preservantes y que no sea ultra-alta en sodio, pasen el dato y cómanla sin culpa; pero esto de la salsa de tomate puede ser de esas revelaciones que te cambian la vida.
Es rápido, es barato, es fácil y de verdad que no hay forma de que salga mal.

salsa tomate basic

El secreto: Tomates! Tomates! Rojos y jugosos tomates reales!

Si están en temporada (psst, estamos en temporada) usen tomates frescos. Vayan a la feria y busquen esos tomates rojos y brillantes, ojalá bien maduros. Si es invierno o no tienen tiempo de cazar hortalizas frescas, los tomates enlatados son mis favoritos. En algunos supermercados pueden hasta encontrarse marcas italianas y de verdad valen la pena. Un tarro de tomates? No más de 1.000 pesos chilenos (alrededor de UN DOLAR, UNO) y puede quedar en tu despensa por varias semanas, así que no hay excusas.

El otro secreto -opcional pero recomendable- es el concentrado de tomate. SISISI sé que suena como alguna cosa química extraña pero la pasta/concentrado de tomate es eso: tomates puros. Sin sal, sin azúcar, sin nada más que tomates que han sido cocinados por un milenio hasta convertirse en una pasta espesa, muy roja y con el sabor de 10 tomates en una cucharada. Es EXTREMADAMENTE barata (puede llegar a los 500 pesos/medio dólar? por lata de 300 gr o tubo de 200 gr) y vive en el refri por al menos 3 semanas. También puede congelarse.

En resumen, la idea es conseguir la mayor cantidad de sabor a tomate según las posibilidades que tengan. Esta salsa es simple y altamente personalizable. Siéntanse libres de agregar hierbas y verduras que tengan por ahí. Es mi alternativa infalible para pizzas, pastas, lasagna, currys y otros.

Salsa de Tomate

Rendimiento: suficiente para una pizza muy grande o dos medianas/pasta para 4 personas

Una lata de 500 gr de tomates/medio kilo de tomates MADUROS frescos
Un chorrito de aceite de oliva
Dos dientes de ajo o media cucharadita de ajo en polvo
Una cucharadita de azúcar blanca
Media cucharadita de sal
Una cucharada de pasta/concentrado de tomate
Opcional: una hoja de laurel o una ramita de perejil

1) Si tienes tomates enlatados, pásalos a un bowl y tritúralos. Puedes usar tus manos, un tenedor o una licuadora; pero las manos son la mejor idea porque francamente no queremos hacer un puré, solo dejar los tomates en trozos más pequeños. Si usas tomates frescos, córtalos por la mitad, sácales las semillas y esa cosa aguada que trae adentro y córtalos en cuartos.

2) Enciende una olla o sartén grande a fuego medio. Agrega el aceite de oliva y los dientes de ajo triturados o picados. También puedes aplastarlos con un cuchillo, dejar que se cocinen con la salsa y -al final de la preparación- sacarlos.

3) Una vez que el ajo esté fragante y apenas dorado, baja el fuego y agrega los tomates, jugo y todo. Va a sonar como PSSSHHHHHHHHHHT pero se calma en un par de segundos.

4) Agrega la sal y el azúcar (y el perejil o laurel, si es que usas) y revuelve. Espera a que hierva y con un cucharón sigue triturando los tomates un poco.

5) Tapa la olla y cocina por unos 30 a 40 minutos, revolviendo cada 5 a 7 minutos para evitar que se pegue o se queme.

6) Una vez transcurrido el tiempo, los tomates deberían estar desechos y convertidos en una salsa roja. Obviamente van a quedar pedacitos pequeños (como en la foto) y esa es la idea. Si prefieres que sea totalmente líquida y lisa, licúa los tomates al inicio.

7) Finalmente, agrega la cucharada de concentrado de tomate y revuelve. Pruebala! Sazona a tu gusto y usa en lo que quieras. Puedes guardarla en un frasco hermético y debería durar una o dos semanas. También puede congelarse por un par de meses (puedes aprovechar la temporada y hacer varios frascos de salsa para el resto del año).

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de zanahorias y mi nueva vida – pechuga de pollo de domingo

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Me parece un poco absurdo escribir esto después de un extenso post sobre los rollos de canela y mi indescifrable amor por hacerlos y comerlos, pero tengo que contárselos: he decidido darle un break a mi organismo y empezar una especie de “régimen saludable consciente de que mi vida no durará mucho si sigo comiendo y viviendo así”.

Todo comenzó cuando leí un interesantísimo estudio de la Universidad College of London que describía que el consumo de 7 porciones de frutas y verduras al día tenían efectos in-cre-í-bles en el cuerpo humano, reduciendo las posibilidades de morir de prácticamente cualquier cosa.

¿Se imaginan mi reacción?

“PERO SI LAS ÚNICAS FRUTAS QUE COMO EN EL DÍA SON LAS QUE VIENEN DENTRO DE UNA TARTA UNTADAS EN CREMA O CHOCOLATE O AZÚCAR O CARAMELO!”

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Entonces lo decidí. Tenía que detenerme. Alguien tenía que parar: o las galletas de meterse en mi boca, o mi mano de llevarlas ahí. Alguien paraba o terminaba con algún coma de azúcar o cosa terrible por el estilo.

Y ¿saben la verdad? no es TAN TAN TAN terrible.

Seguro, hay momentos en los que sólo quiero atragantarme con un muffin gigante de chocolate y tengo que contentarme con una saludable manzana, pero el gran descubrimiento es que no todo tiene que ser desabrido, aburrido y atroz. Algo de lo que ya les contaré más adelante.

(AVISO: bajo ningún punto este post determina que dejaré de comer dulces y pasteles por montón, o que este humilde blog se transformará en un insoportable recetario hipocalórico lechuguístico. Sólo necesito vivir así por un tiempo para equilibrar mi sistema y no morir antes de cumplir los 22)

(AVISO 2: sé que suena como que fuera un experto en vida saludable y que tuviera todas las respuestas a los problemas más comunes y que ya estuviera absolutamente comprometido en esta nueva aventura, pero la triste verdad es que SÓLO LLEVO DOS DÍAS)

He intentado milkshakes y jugos y batidos, ensaladas de varios tipos y distintos regímenes de ejercicio (asumiendo que correr 5 minutos hasta quedar moribundo en el piso sí es “ejercicio”) y lo único que les puedo decir es que NO HAY NINGUNA RECETA MÁGICA para convertirse en una persona un poco más saludable. Sólo hagan lo que los haga sentir bien, coman lo que los haga sentir mejor. No se trata de vivir de zanahorias y té de jengibre, sólo de darle a nuestros queridos cuerpos un pequeño respiro en esta vida terrible que los hacemos pasar.

Una forma de hacerlo: LOS BATIDOS! Como lo sabrán mis seguidores de twitter, mi primer día de vida nueva comenzó con un asqueroso smoothie/licuado de pepino, manzana y yogur. NUNCA LO HAGAN. Pero sí intenten varios otros que pueden encontrar en internet o crear ustedes mismos. Los jugos y batidos son formas rápidas, ricas y fáciles de darles a sus cuerpos dos, tres o cuatro porciones de vegetales ANTES DE SIQUIERA empezar el día.

Ya, en algún post futuro, les mostraré como resultan mis experimentos.

Ahora, a lo que vinimos: el pollo.

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Aunque no es una bomba de nutrientes, sí es bastante más saludable que otras recetas que les he mostrado por acá. Es bajo en grasas y altísimo en sabor.

¿Pollo de domingo? Pues si, porque aunque se prepara en menos de 20 minutos y con un manojo de ingredientes, sí es el tipo de comida de domingos: rico, cremoso, jugoso, y con mucho sabor. Ese día, lo acompañamos de un puré de papas tradicional y unos repollos/coles de brusela asados.

Es muy sencillo.

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Comienzas cortando una cebolla en cubitos no tan pequeños y un poco irregulares. No interesa. La salteas unos 5 minutos en un poquito de aceite de oliva hasta que se suavice. Agregas, encima de la cebolla, dos pechugas de pollo sin piel y sin hueso. Sazonas con sal y pimienta y agregas un poco de leche. Cocinas por un lado unos 10 minutos y giras, sazonando por el otro lado y agregando un poco más de leche.

Sólo tienes que seguirlo volteando en la sartén y agregando más liquido de ser necesario (puede ser leche, caldo o incluso agua – quieres que quede jugoso y tierno, así que mantén un poco de líquido siempre en la base) hasta que esté cocido completamente. Agregas un poco de orégano, albahaca y hierbas a tu elección Y LISTO!

Cena para sorprender a cualquiera.

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Pechuga de pollo de domingo

Para dos personas

Ingredientes:

– Dos pechugas de pollo sin hueso y sin piel.

– Una cebolla grande y un diente de ajo

– 3/4 de taza de leche (puede ser mitad leche y mitad caldo)

– Hierbas secas a elección (yo usé orégano, albahaca y perejil)

– Sal, pimienta y aceite de oliva.

1) Corta la cebolla en cubos.

2) Calienta una sartén grande a fuego medio-alto con una cucharada de aceite de oliva.

3) Agrega la cebolla. Échale una pizca de sal (sólo para soltar el líquido) y cocina por unos 6-7 minutos, revolviendo periódicamente.

4) Baja el fuego a medio. Agrega el ajo rallado o picado finamente. Mezcla para incorporar. Cocina por unos 3 minutos más, revolviendo constantemente para evitar que se queme o se fría en exceso.

5) Haz un espacio al medio de la cebolla y agrega las dos pechugas de pollo. Sazona por encima con sal y pimienta y agrega la mitad de la leche. Si puedes, tapa la sartén (esto evitará que se pierda líquido innecesariamente) y cocina por unos 8-10 minutos. Asegúrate de levantar el pollo y asegurarte que no esté seco por abajo.

6) Voltea las pechugas y agrega el resto de la leche (o más o menos de ser necesario). Sazona el pollo por ese lado y cocina por 10 minutos más, o hasta que esté tierno, cocido completamente pero NO SECO.

7) Agrega las hierbas y mezcla. Sirve con puré de papas y vegetales, arroz, o con pan francés o con lo que te dé la gana.

Gracias como siempre por pasarse. Compartan el sitio, síganme en redes sociales y marquen este blog en favoritos!

Nos leemos (si es que logro sobrevivir a mis próximos 5 minutos de trote).

extracrujientes y extrafáciles – papas muy doradas

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¿No les ha pasado que a veces tienen mucha hambre, mucha flojera, y CERO ganas de cocinar algo complicado?

¿SIEMPRE?

A mí también.

A veces, cuando eso pasa, en nuestro refrigerador no hay absolutamente NADA MÁS que un par de papas.

crudasY para esas precisas ocasiones he dado vida a esta receta.

Bueno, no. Primero, esto difícilmente es una receta (tiene sólo dos pasos, y uno de ellos involucra apretar un botón del microondas), y además está inspirado enormemente en la receta de home fries de la fabulosa Hilah Johnson (hilahcooking.com).

Es extra-sencillo. Involucra dos “cocciones”. La primera, cocer las papas hasta que estén listas, no muy blandas (o se van a deshacer y convertir en nada). Esto puedes hacerlo en una olla con agua, o puedes ser perezoso/a y hacerlo en el microondas!

Yo SIEMPRE lo hago en el microondas. Dependiendo de la potencia de tu microondas y del tamaño de las papas, esta parte puede tomar entre 4 a 8 minutos, aproximadamente.

Sólo tienes que lavar las papas muy bien (para no tener que pelarlas, y la cáscara como que hace todo más crujiente) y hacerles un par de agujeros con un tenedor o un cuchillo, para que el vapor pueda escapar.

Luego, con el microondas en potencia máxima, cocínalas unos 3 minutos, gíralas, y cocina en intervalos de dos minutos hasta que puedas enterrar un cuchillo fácilmente. Evita pasarte en la cocción y dejarlas muy blandas, porque se van a deshacer.

Ahora, córtalas en cubos más o menos grandes y calienta una sartén con aceite.

Fríelas. Cómelas. Échales ketchup. Fríe un huevo y ponlo encima. Sé feliz sin esfuerzo.

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Papas muy extracrujientes

Para dos personas

– 2 papas grandes o cuatro medianas/pequeñas

– Dos cucharadas de aceite vegetal

– Sal/pimienta

1) Lava y quita toda la suciedad de la cáscara de las papas. Haz un par de incisiones en cada una, con la punta de un cuchillo o un tenedor.

2) Ponlas en el microondas (puedes usar un plato o algo así, pero sinceramente yo sólo las pongo ahí dentro) por unos 4 minutos, voltéalas y vuelve a cocinarlas por 3 a 4 minutos más. Revisa cada cierto tiempo para asegurarte de que no se cocinen demasiado.

3) Córtalas en cubos. Calienta una sartén con una o dos cucharadas de aceite. Cuando el aceite se vea como muy líquido y esté muy caliente, añade las papas y fríelas por un minuto, muévelas, gíralas, y fríelas por unos dos minutos más, hasta que estén muy extracrujientes.

4) No te olvides de sazonarlas con sal y pimienta, y cómelas con un huevo frito y un poco de salsa picante, o como quieras.

¡Gracias por la visita!

tentación garbanzística – hummus

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Si pruebas el hummus por primera vez, jamás de los jamases te imaginarías que está hecho de garbanzos. Así lo he comprobado a lo largo de los años. Desde que me crucé con la receta de esta gloriosa y cremosa pasta, he invitado a mis amigos y familiares a probarlo, y ninguno de ellos acertó en su redondo y amarillo ingrediente principal.

Y es que no relacionamos algo como LOS GARBANZOS, que solemos comer en sopas y guisos, con un dip tan utilizable en cócteles y fiestas.

En serio, es la revolución de las legumbres.

Hummus 1Y como si fuera poco, ¡es saludable! (no es que me importe), ¡es bajo en grasas! (no es que me importe), ¡tiene vitaminas y minerales! (no es que me importe) y es facilísimo y rapidísimo de hacer (sí que me importa).

Ahora, una advertencia. El hummus tradicional tradicional se hace con garbanzos secos que se remojan la noche anterior (o unas 7 horas) y luego son cocinados en agua salada por unos 30 minutos o más, hasta que se deshacen con sólo tocarlos. Luego, es procesado junto a cantidades considerables de aceite de oliva, y se le agrega, entre sus condimentos, la pasta tahina.

He aquí el primer cambio revolucionario de mi receta. NO USO PASTA TAHINA. De primera, la gente ni siquiera sabe lo que es, por lo que encontrarla en el supermercado es un martirio.

– Hola, tiene pasta tahina?

– ¿Qué?

– Tahina, también se llama tahine o…

-¿Qué?

– Es una pasta oriental, está hecha de sésamo y…

-¿Qué? No, aquí no tenemos eso.

Aún así, una vez encontrada, ¡es estratosféricamente cara! La última vez que me digné a buscarla en los anaqueles, costaba algo así como 6 mil pesos chilenos (unos 13 dólares) el envase! POR UNA PASTA DE SÉSAMO? No, gracias.

Ahora, el sabor como almendrado y tostado de la tahina en el hummus es demasiado necesario como para ignorarlo, así que les ofrezco tres convenientes alternativas:

a. Usar aceite de sésamo (exquisito, barato y encontrable en todas partes)

b. Usar semillas de sésamo y procesarlas junto con los garbanzos

c. No usar sésamo en absoluto

Si bien el sabor del sésamo es único y muy rico, he hecho hummus siguiendo la alternativa (c) un millar de veces, y es igualmente exquisito y adictivo.

Obstáculo sésamo: superado! Celebremos con una foto de mi gato, Tito.

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El gato más lindo del mundo entero

Ahora, el tema de los garbanzos. Las primeras cinco o diez veces que hice hummus lo hice utilizando los garbanzos secos, remojándolos y viviendo todo ese proceso. ¿El problema? Bueno, hay varios problemas.

Por un lado, ensucias un bowl para remojar los granos, una olla para cocerlos, el colador, un cucharón y el bowl para procesarlos, Y ES DEMASIADO PARA LAVAR.

Pero lo más importante, para mí por lo menos, es el factor del tiempo. Se me tenía que antojar el hummus como 10 horas antes de poder tenerlo en mis manos. Y si son como yo, saben que cuando se nos antoja comida, ES AHORA O MUERTE.

La bella solución: garbanzos del supermercado. Pueden ser enlatados, pueden venir en una caja o un frasco. Las alternativas son muchas, y la única precaución necesaria es lavar bien los garbanzos de esa agua salada en la que vienen.

Así, paso al súper, compro la lata de garbanzos y en menos de 5 minutos ya lo tengo en un bowl, entre mis manos, mientras veo tele-basura.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAObstáculo garbanzos: solucionado!

Es delicioso sobre galletas de cóctel. Es simplemente divino sobre unos crostinis (o rodajas de baguette tostado en el horno) con aceite de oliva, orégano y ají o chile ahumado en polvo. Es igualmente rico untado en palitos de zanahoria o de apio.

Y, como no, es altamente editable. Si buscan por internet o en revistas de cocina, se van a encontrar con una infinidad de recetas de hummus, con queso, con verduras, con tomate, y miles de miles. Su sabor es suave, tostado y su textura es aterciopelada.

La receta puede acomodarse a tu gusto. Aquí intento mostrarte el sabor más neutro, así que si te gustó el sabor del sésamo, añade más aceite. Si quieres, más ajo, más sal, etc. Sólo te recomiendo ir de a poco con el limón y el comino, que ya se me ha pasado la mano con esos y es imposible volver atras!

Es el complemento perfecto para cualquier noche de ocio o tarde con amigos, y nadie va a creer que lo hiciste tú!

Hummus

Para un bowl mediano, unos 400 ml.

– 350 gramos de garbanzos enlatados o en caja (alrededor de una taza y media), “drenados” del agua salada.

– 1/4 de taza de aceite de oliva (o mitad oliva, mitad agua)

– 1 diente grande de ajo

– el jugo de 1 limón pequeño

– media cucharadita de comino molido

– 1 cucharada de aceite de sésamo o 2 cucharadas de semillas de sésamo tostadas.

– sal y pimienta a gusto

1) Pon todos los ingredientes en el frasco de un procesador de alimentos o licuadora. Yo lo hago en el jarrito de la licuadora de inmersión (o minipimer) y funciona perfecto.

2) Procesa, o licúa, hasta obtener una pasta homogénea, suave y espesa, como guacamole.

3) Prueba y rectifica la sazón. Ubícalo en un bowl y rocía un poco de aceite de oliva por encima. Decora con páprika, un poco de pimienta y una hoja de perejil.

4) Disfruta!

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mejor de lo que piensas – macarrones primavera

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Cuando somos grandes (no grandes-gordos, sino grandes-adultos; aunque ambas pueden ir juntas) se supone que nos empiecen a gustar las verduras.

La leyenda de la historia humana cuenta que todas esas cosas verdes, extrañas y viscosas que NO QUEREMOS COMER cuando somos chicos (véase: acelga, zapallo italiano, espinaca, cilantro, brócoli, coliflor, berenjenas) van a empezar a verse atractivas en algún momento de nuestra vida. A los 15, o a los 20, o algo así. Digamos, siempre vimos a nuestros padres, tíos y abuelos comer verduras y comer más y yo siempre pensaba para mí mismo “¿será que cuando uno es adulto encuentra ricas otras cosas?”.

Y bueno, no, no es muy así. No es así en absoluto.

1-DSCN3901Nunca jamás encontramos que un brócoli hervido por casi una hora es apetitoso o atractivo. Jamás sentiremos deseos de comer un zapallo italiano (o calabacín, o zucchini) que se deshace apenas tocarlo con el tenedor y que parece como masticar un pedazo de nada.

A NADIE LE GUSTAN LAS VERDURAS cuando están mal cocinadas. Y con mal cocinadas me refiero, casi totalmente, a cocinadas de más.

Y es que por algún motivo que probablemente tiene que ver con los pesticidas y las bacterias y enfermedades, estamos convencidos de que es IMPERANTE hervir y cocinar las verduras hasta desintegrarlas. ¡GRAN ERROR!

Si bien es cierto -por lo menos para mí- que es difícil elegir una zanahoria por sobre un jugoso filete (lo siento, vegetarianos), las verduras no tienen por qué ser aburridas, insípidas o derechamente desagradables.

Si les digo que me comí dos platos de esta pasta con el mismo placer que me comería un spaghetti con salsa bolognesa, ME CREERÍAN? Deberían, porque es verdad.

1-DSCN3903Y si no les gusta el brócoli en ninguna de sus formas – ¡omítanlo! La belleza de esta receta es que es más una idea que una receta. Pueden usar cualquier verdura que les guste, que tengan a mano o que esté en estación.

(GRAN PARÉNTESIS: de verdad les digo, aprovechando esta receta que contiene verduras -una rareza- que vayan a sus mercados locales, a sus almacenes del barrio y a las ferias que se organicen en su ciudad y CONSIGAN AHÍ sus verduras. Hay demasiadas razones y motivos muy profundos para justificar esto, pero en resumen: conseguirán verduras más baratas, de mejor calidad, podrán elegir entre una infinita variedad, aprenderán mucho sobre qué elegir y dónde comprar y cómo conservar los ingredientes, y por último, estarán aportando significativamente a su economía local, y sus billetes y monedas llegarán a los bolsillos de los comerciantes de su sector Y NO al bolsillo de un señor de traje viviendo en Washington DC)

Obviamente, lo ideal es que ocupen verduras que se cocinen en poco tiempo. Personalmente, no usaría papas, zanahorias o zapallo (calabaza), porque lo que me gusta de esta receta es su rapidez, pero pueden hacerlo si quieren.

Dependiendo de las verduras que elijan, deben medir cuándo poner qué en la sartén: por ejemplo, los champiñones demoran unos 5 minutos en estar listos, pero el brócoli necesitará unos 10.

Sobre la pasta: yo creo que deben ser macarrones o algo por el estilo, alguna pasta pequeña cuya forma y tamaño se asemeje a las verduras. Si haces esto con spaghetti, sin duda quedará fantabuloso, pero me imagino que es un poco más difícil comerlo. Aunque quizás no.

De verdad de veritas que no necesita NADA de carne.

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Yo hago más o menos lo siguiente: Pongo a hervir el agua para los maccorrones. Corto las verduras en tamaños pequeños (lo que se conoce como bite-size, o tamaño de un bocado) y las aparto en una tabla grande o un bowl o un plato.

Enciendo la sartén (debe ser grande, no quieres que las verduras se sobrepongan en la cocción) a fuego medio alto (necesitamos temperatura fuerte, porque queremos que nuestros vegetales tomen un poco de color como caramelizado o tostado) y echo un chorrito de aceite (el que tengas, el que uses). Cuando está caliente, echo el brócoli y lo muevo un poco.

Uno o dos minutos después, enciendo la olla para la pasta, la lleno con agua y una generosa cantidad de sal y espero a que hierva de nuevo.

Agrego los macarrones a la olla y muevo para que no se peguen.

Vuelvo a mi brócoli, lo muevo un poco más y agrego el zapallo italiano (zucchini) cortado en daditos. Una vez que tomó un poco de color, sazono con una pizca de sal para que los vegetales suelten un poco de líquido.

Agrego el cebollín (o puerro, o cebolla de verdeo) y salteo todo unos 3 minutos. Cuando está casi listo, agrego los champiñones cortados en cuartos. Agrego un gran generoso abundante pedazo de mantequilla y revuelvo todo. La idea es que un poco del zapallo italiano se deshaga y forme como una “salsa”. Pero en su mayoría debe estar íntegro. MUY IMPORTANTE: agrega un diente grande de ajo, rallado, molido o picado finamente.

Cuando la pasta está al dente, tomo alrededor de 1/4 de taza (o un poco menos) del agua de la cocción y la agrego a la sartén. Tomo una o dos cucharadas de semillas de sésamo y las agrego junto con algunas hierbas aromáticas (como tomillo y orégano) y un chorrito de aceite de sésamo. Dejo que un poco del agua se evapore, cocinando uno o dos minutos más.

Y LISTO! Un poco de parmesano rallado es, a estas alturas, un derecho humano.

Obvio que hay días que sólo una jugosa hamburguesa con queso puede elevar nuestras almas, pero para el resto, este plato es una gratísima sorpresa. Los vegetales SÍ PUEDEN ser ricos.

Macarrones primavera

Para tres personas

– Dos o tres puñados grandes de macarrones deshidratados (una taza y media, aproximadamente)

– Un brócoli pequeño

– Un zapallo italiano (o zucchini) mediano.

– 7 u 8 champiñones blancos grandes.

– 2 cebollines (o cebollas de verdeo)

– 1 diente grande de ajo, rallado o picado finamente

– dos cucharadas de semillas de sésamo

– Sal, pimienta, aceite y condimentos.

1) Hierve alrededor de un litro de agua y agrégala a una olla grande. Agrega una pizca de sal y espera a que rompa un hervor.

2) Corta el brócoli en arbolitos, tomando el tallo con una mano y cortando con la otra. No importa que queden irregulares. Lávalos en un colador o bowl y reserva.

3) Corta el zapallo italiano en cuatro “rodajas” a lo largo, quedando con cuatro láminas gruesas. Córtalas en tiras y luego en cubos pequeños. Reserva.

4) Corta el cebollín en rodajas finas, incluyendo las hojas. Reserva.

5) Corta los champiñones en cuartos (o a la mitad si son pequeños) y reserva. Enciende una sartén con un poco de aceite a fuego medio-alto.

6) Agrega la pasta a la olla y el brócoli a la sartén. Saltea uno o dos minutos y agrega el zapallo italiano. Mueve rápidamente y déjalo uno o dos minutos para caramelizar suavemente.

7) Sazona ligeramente con sal y sigue salteando. Agrega el cebollín y mueve. Agrega, si quieres, un pedacito de mantequilla y los champiñones. Baja el fuego a medio.

8) Cuando la pasta esté al dente, toma un poco del agua de la cocción (no más de 1/4 de taza) y agrégalo a los vegetales. Sube el fuego y espera a que se evapore un poco el líquido. Mezcla con la pasta, agrega el sésamo, rectifica la sazón y sirve con un poco de parmesano por encima.

¡Gracias por la visita!

no necesitamos estufas – salsa para nachos

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Santiago de Chile, principios de abril. La situación: el verano definitivamente abandonó nuestras vidas y el frío se apodera de manos, pies, asientos de la biblioteca y -especialmente- de este departamento-iglú.

Como de una semana para otra, dejé olvidados los pantalones cortos en el fondo de mi clóset, dejé de dormir en ropa interior y absolutamente destapado y dejé de despertar sofocado y rojo como si estuviera en el mismísimo núcleo del sol.

Como de una semana para otra, empecé a salir con chaquetas y abrigos y bufandas y pañuelos, empecé a tomar leche caliente en las mañanas, surgió en mí la necesidad imperante de ponerle la frazada extra a mi cama (la cual estaba exactamente en el lugar donde la dejé en septiembre pasado).

Acompañando a esto, apareció ESE sentimiento, ese de no querer despegarse de las sábanas, el que se soluciona con un pie de chocolate que ya les mostraré algún día cuando vuelva a hacerlo -que no será muy lejos de hoy-, o con mi infalible chocolate caliente que revive espíritus apagados.

¿En qué estábamos? Me puse a pensar en chocolate. AH SÍ.

Bueno, el frío se apoderó de todo.

¡Pero no de mi estómago!

Era jueves en la noche y hacía frío como que fuéramos un diciembre en Londres, pero mis antojos (no, no estoy embarazado) apuntaban a un mayo en México: Nachos con salsa.

tomatesajíY no quería una salsa enlatada, o una salsa embotellada, o una salsa deshidratada. Quería una salsa de verdad, y por sobre todas las cosas, quería hacerla yo.

Es que es divertido. No hay receta estricta ni métodos especiales, sólo pones todo lo que se te ocurra. La mejor forma de cocinar (y por cierto, de acercarse a la cocina).

Quería que tuviera tomates, porque NINGUNA SALSA QUE NO LOS TENGA PUEDE SER UNA SALSA PARA NACHOS. Quería que tuviera cilantro, porque no puede haber tomate sin cilantro. Quería que tuviera ají (chile, picante), porque si no va a ser picante, mejor me como los nachos con mayonesa.

Entonces partí a buscar mis vegetales, abrí la bolsa de nachos y empecé con esto.

A decir verdad, mi salsa es una mezcla entre el clásico tradicional chileno chancho en piedra (que se hace originalmente en un mortero) con una típica salsa mexicana, o más bien, como tex-mex.

Entonces la base de tomates tiene dos texturas. El tomate rallado o procesado que es como un puré, y el tomate en cubitos. Cubitos que hábilmente sacarás con la punta de los nachos a medida que comas.

El cilantro aporta mucho color, mucho sabor, mucha fragancia. Además TIENES que echarle un poco de jugo de limón o vinagre (yo lo he hecho de ambas formas) y sazonar correctamente, porque no hay nada más deprimente que una salsa para nachos que está mal condimentada.

Por supuesto, pueden agregar cebolla o cebollín, pueden agregar las verduras y hierbas que tengan. ¿Albahaca? ¿Semillas de mostaza? ¿Perejil? ¿Aceitunas? Adelante.

¿Y en cuanto al ají/chile? Mucho. O el más que puedas. Porque si lo haces bien, no vas a necesitar ni una manta ni un abrigo ni una estufa para sentir calor en este otoño que recién comienza.

salsa final

Salsa para nachos

Para alrededor de una taza y 1/4, suficiente para una noche de comer sin parar untando generosamente y -aunque no debería decirlo- suficiente para que sobre un poco de salsa que la mañana siguiente será comida junto a huevos revueltos – MARAVILLOSO.

2 tomates medianamente maduros, grandes.

2 dientes de ajo pequeños

un manojo de cilantro, hojas, tallos y todo.

3 ajíes medianos, sin semillas (aunque depende de qué tan picantes sean, qué tan picante quieras la salsa, etc).

Un chorrito de vinagre blanco, de arroz, o jugo fresco de limón.

Sal, pimienta y aceite de oliva.

1) Lava y seca un poco todos los ingredientes.

2) Por la parte gruesa del rallador, ralla un tomate entero. Quedará como un puré muy desintegrado.

3) Corta el otro tomate en cubitos pequeños y agrégalo.

4) Pon los dientes de ajo 10 segundos en el microondas o cúbrelos con agua caliente un minuto. Pícalos finamente y agrégalos. Corta los ajíes en cubitos o pedacitos pequeños, agrégalos.

5) Toma el cilantro y “enróllalo” sobre sí mismo. Pícalo finamente y agrégalo a la mezcla. Agrega un chorrito de vinagre o jugo de limón.

6) Sazona a gusto y mézclalo todo con un chorrito de aceite.

Disfruta y personaliza tu salsa como quieras. Gracias por tu visita!

sobreviviente – pasta con salsa de beurre noisette

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Es que les prometo prometo prometo que este es el último post que empieza con una historia dramática o insoportablemente llorona.

No sé muy bien que es lo que pasa con mi vida últimamente. Debe ser algún embrujo efectuado por mis vecinos del edificio que están aburridos de mis intensas sesiones de karaoke en horas inesperadas.

champignones-tablaPero ¿qué puedo decir? Uno nunca sabe a qué hora se va a sentir una estrella de broadway o un ídolo pop.

Bueno, el asunto esta vez es el siguiente.

Mi vida caminaba normal. Era media mañana, acababa de salir de la universidad, y yo estaba de-ter-mi-na-do a tomarme un espresso.

Y llegamos a la cafetería, y no tenían espressos. Ni americanos. Era una cafetería Y NO TENÍAN CAFÉ! (en honor a la verdad, era dunkin’ donuts… PERO AÚN ASÍ).

Miré a la vendedora con profunda decepción, y caminé hacia el siguiente negocio. En serio, puedo flaquear, puedo dudar, mis convicciones pueden volar en pedazos y qué se yo. Pero cuando quiero un café, QUIERO UN CAFÉ.

Ahora sí era una cafetería, así que simplemente ordené: “quiero un espresso doble, por favor”

DEBERÍA HABER SIDO UN ESPRESSO SIMPLE, pero yo tenté al destino.

“Por supuesto!” respondió la vendedora. Y comenzó a preparar mi café.

Y AHÍ EMPEZÓ TODO.

Si ustedes toman café habitualmente, sabrán que un espresso (o express) son ¿30 ml de café? más o menos. Un espresso doble, por lo tanto, son no más de 60 ml. Un cuarto de taza.

La barista me dió un vaso grande de café. UN VASO GRANDE.

Y me lo tomé todo. Y media hora después empecé a sentirme agitado. Y un par de horas después empecé a sentirme REALMENTE MAL. Tanto, que tuve que correr a mi casa antes de MORIR.

butter-melting

Bueno, seguramente no de MORIR, pero casi, queridos lectores, CASI morir.

Mi corazón palpitaba trescientas veces su capacidad, tenía frío y calor al mismo tiempo, tenía sueño y estaba agitado al mismo tiempo. Si eso no es lo peor que me ha pasado en la vida, EN LA VIDA!, no sé que será.

Sí, desde acá, atrás en el tiempo y lejos en el espacio, puedo escuchar sus pesados comentarios de “pues para qué te tomaste todo el vaso”. Pero es que ustedes no entienden. Cuando se trata de café, yo no sé cuando parar.

Ahora sé cuando.

Nunca tomen un espresso cuádruple a menos que quieran abandonar el mundo de los vivos.

EN SERIO.

Bueno, sobreviví. Moraleja aprendida. Moraleja compartida. Vamos con la receta de hoy.

noisette-champiñonesCuando pensaba en cómo llamar esta receta, de verdad quería no incluir “beurre noisette” en el título, porque a quién le importan los nombres franceses para la comida. A MÍ NO.

Pero es que no sabía cómo más llamarla. ¿Mantequilla café? Ew. ¿Mantequilla marrón? YUCK. ¿Mantequilla dorada? Mmm, tal vez, pero no me convenció.

Beurre noisette fue mi elección. Significa “mantequilla avellana”. Y antes que me juzguen por hacer cosas tan complicadas y raras, déjenme confesarles que la beurre noisette no es más que mantequilla cocinada unos dos o tres minutos. Exacto. Nada más, así de simple, tal cual.

Es exquisita. Y aquí es la base para una salsa “blanca” que es más bien beige o algo así. Es fácil, es rápido, es barato, es hipercalórico, es de-li-cio-so. Y, francemente, si ya no perdimos nuestros kilos de más para el verano ¿para qué preocuparse por perderlos para el otoño?

La estación de las chaquetas y bufandas que cubren nuestras panzas es la excusa PERFECTA para deleitarse con un plato de pasta, y con ESTE plato de pasta.

pasta-noisetteTiene champiñones, un favorito de todos. Tiene mantequilla, una favorita mundial. ¿Qué puede salir mal?

Sólo una cosa: que una vez que lo pruebes, no vas a parar de comerlo.

Haz suficiente para todos!

Pasta con salsa de beurre noisette

Para un glotón descontrolado (ejem) o dos personas normales.

– alrededor de 170 gr de pasta deshidratada (que es un poco más de un tercio de un paquete común)

– tres cucharadas de mantequilla

– una cucharada de harina común

– una taza de leche entera, fría o a t° ambiente

– alrededor de 7 champiñones cremini (los típicos blancos) o unos 5 portobello (unos más grandes y oscuros)

– aceite de oliva, sal y pimienta.

1) Hierve alrededor de un litro o un litro y medio de agua en una olla grande (o en un hervidor eléctrico) y agrega una abundante pizca de sal. Cuando el agua rompa hervor, agrega la pasta.

2) A una sartén u olla mediana a fuego medio, agrega la mantequilla con un chorrito de aceite de oliva. Espera a que se derrita, espume un poco y comience a dorarse. En unos dos minutos, ya debería tener un color marrón y desprender un aroma como a avellana tostada. Apaga el fuego apenas llegues a ese punto.

3) Agrega la harina y revuelve con un batidor o cucharón de madera hasta disolver (hará un poco de espuma). Devuelve la sartén al fuego medio y revuelve constantemente uno o dos minutos.

4) Agrega la mitad de la leche y mezcla para disolver. Una vez que esté incorporado y espeso, agrega el resto y mezcla sin parar. Deberías obtener una salsa dorada y lisa.

5) Agrega los champiñones cortados en rodajas a tu salsa. Cocínalos unos dos  a tres minutos y sazona a gusto.

6) Cuela la pasta (que ya debería estar cocida) y agrégala a tu olla con la salsa. Mezcla todo y COME, espolvoreado con un poco más de aceite, parmesano rallado o en su exquisita y elegante simpleza.

Disfruta y gracias por la visita!